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La predicación del evangelio original de Cristo, que es el reino de Dios, el cual Jesús restaurará en la tierra en su segunda venida en gloria. Este reino divino traerá, por fin, la paz y la justicia verdadera a este planeta decadente y moribundo.

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CÓMO DESAPARECIÓ EL MENSAJE DEL REINO

ispi036100Por Sir Anthony F. Buzzard

La división y la pérdida de la dinámica entre las iglesias son detectables sobre todo por la pérdida de ese mensaje central vital, tan relevante para nuestro planeta perturbado. Es una pérdida de la fe viva y una pérdida de esperanza. Es también una deserción del llamado celestial de la iglesia para ser la confraternidad Mesiánica en entrenamiento ahora, con la esperanza de un servicio más completo a la humanidad en la edad del Reino venidero. Eso no quiere decir que la fe y la esperanza no han sido expresadas, sino que han sido impedidas por la introducción de una meta muy diferente, una absolutamente extraña a los creyentes primitivos. Lo que a Jesús y a los Apóstoles les habría parecido como una perspectiva sin sentido, completamente incompatible con la tradición Hebrea, vino a sustituir a la esperanza ofrecida por el Mensaje divino. El trabajo de la serpiente condujo a un cambio al por mayor de la esperanza bíblica incorporada a las Buenas Noticias que ocurrió poco después de la muerte de los Apóstoles. Al Mensaje le fue soplado un aliento mortal cuando nociones extrañas sobre una vida futura como un espíritu desencarnado en el cielo llegaron a confundirse con la esperanza cristiana de la resurrección a la inmortalidad en el Reino en la tierra, en el retorno de Jesús. La serpiente restableció su mentira original preferida y trabajó duramente para envenenar a la iglesia con ella. El éxito de su campaña se puede atestiguar por todas partes en iglesias contemporáneas, especialmente en los sermones de entierros.

Fue Satanás, amo sutil de la media verdad, quien pronto, después de la muerte de los Apóstoles, comenzó una campaña masiva de propaganda para desviar lejos la atención de la esperanza contenida en las Buenas Noticias del Reino, así como en los pactos Abrahámico y Davídico, a un objetivo que ha ganado la aceptación casi universal como uno de los primeros principios de la fe Cristiana. Una afluencia poderosa de creyentes griegos en la iglesia condujo a un cambio radical en el pensamiento entre aquellos que deseaban unirse a sí mismos al nombre de Cristo. El resultado fue una toma de posesión teológica en una escala masiva. El nombre de Cristo fue adecuado a un sistema de creencia apenas reconocible como Cristiano por los estándares del Nuevo Testamento. El mundo de la filosofía Griega y Romana invadió a la iglesia tan exitosamente que el sistema de pensamiento fundamentalmente diferente, en el cual la teología bíblica hebrea fue fundada, fue sacado de la iglesia. Mientras que el Mensaje puro del Reino y del Mesías —Mesianismo bíblico— fue eclipsado, la iglesia continuó al parecer como los sucesores legítimos de los Apóstoles. ¿Pero era el Cristo de este sistema eclesiástico transformado, realmente Jesús de Nazaret, heraldo del Reino de Dios? Si, como sostiene el Arzobispo Temple, el Reino de Dios ha figurado muy poco en la historia de la Iglesia, uno se puede permitir preguntarse hasta qué punto se ha silenciado la voz auténtica de Jesús. Quizás se debe prestar más atención a aquellos eruditos que han intentado sonar la alarma. De Cambridge viene la observación reveladora de Don Cupitt que en el segundo siglo “una nueva religión fue desarrollada para sustituir a la fe original”.

El Profesor Cupitt luego observa que el énfasis de Jesús y de sus primeros seguidores en el Reino futuro plantea “algunas preguntas muy embarazosas a los creyentes ortodoxos” que “son muy frecuentemente ignoradas silenciosamente”. A menudo, también, han sido adoptadas teorías con el propósito de “excusar” a Jesús de lo que se piensa son sus esperanzas equivocadas del reino, el cual nunca vino. En cada caso estamos atestiguando una defección de la creencia en las promesas Mesiánicas garantizadas por los pactos con Abraham y David y confirmadas por Jesús. Es imposible creer, en un sentido del Nuevo Testamento, si uno no se suscribe con convicción apasionada a la reaparición futura de Jesús en el cielo para inaugurar la era de la paz Mesiánica en la tierra, el propósito para el cual El fue designado Mesías. Semejante afirmación atestigua la fe en el Dios de los pactos hechos con Abraham y David —el Dios de Jesús.

Si el Mesianismo ya no es más un concepto aceptable a los eruditos y a los practicantes modernos, sino que pertenece solamente a lo que un erudito del Nuevo Testamento llama “la franja sectaria”, y si “nadie busca seriamente por el Mesías que será la solución a los problemas de todo el mundo, espiritualmente o políticamente”, no es por culpa de nuestros documentos del Nuevo Testamento. El problema reside en otra parte, a saber, en el abandono de la iglesia de la visión Hebrea de un paraíso restaurado en la tierra, que se efectuará en el regreso de Jesús para asumir su oficio real. La causa del cambio producido en la persona de Jesús y de su Mensaje Mesiánico no es difícil de establecer claramente. La observación de Canon Goudge necesita ser escuchada nuevamente: “Cuando la mente griega y romana vino a dominar a la iglesia, ocurrió un desastre del cual nunca nos hemos recuperado, ni en la creencia ni en la práctica.” De hecho, el Dr. Robinson, quien no ve el Mesianismo como algo que deba ser creído más, describe la completa defunción de los puntos de vista del Nuevo Testamento sobre el futuro. El habla de:

Una transformación sorprendente que alcanzó a la escatología Cristiana tan pronto como la tinta del Nuevo Testamento estuvo seca. Y ella afecta el centro del interés o el punto axial del tema entero… porque en el Nuevo Testamento, el punto alrededor del cual la esperanza y el interés giran no es del todo el momento de la muerte, sólo el día de la Parusía, o la aparición de Cristo en la gloria de su Reino… el centro del interés y de la expectativa continuó, a través del periodo del Nuevo Testamento, siendo enfocado en el día del Hijo del hombre y del triunfo de su Reino en una tierra renovada. Era el reinado del Señor Jesús con todos sus santos que interconectaron los pensamientos y las oraciones de los Cristianos… la esperanza era social y era histórica. Pero tan temprano como el segundo siglo DC, comenzó un cambio en el centro de gravedad el cual sería llevado a cabo en la Edad Media hacia una doctrina muy diferente… en el pensamiento posterior es la hora de la muerte la que llega a ser decisiva.

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