Pablo dijo que Dios predestinó a los que antes conoció para que fuesen hechos a la imagen de su Hijo para recibir la glorificación como los hermanos de Cristo (Rom. 8:27,28). Uno de ellos es el legendario rey David, de quien las Escrituras nos dicen que Dios lo conoció y lo aprobó como un hombre excelente, merecedor de la glorificación en el reino (1 Crónicas 17:17,18). Esto, por supuesto, va en contra de lo que enseñan los llamados Testigos de Jehová cuando afirman que el rey David tiene sólo un destino terrenal como un príncipe súbdito del reino glorioso, supuestamente ya establecido éste en el cielo en 1914.