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23 marzo 2010 2 23 /03 /marzo /2010 07:07

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El libro de Hechos muestra un cambio dramático en los discípulos. No más preguntas, no más dudas, no más discusiones entre ellos. Predicaron a miles en el templo, desafiando a los líderes religiosos, arriesgando sus vidas porque eran muy celosos por el mensaje.

 

¿Qué hizo cambiar a los pescadores en predicadores llenos de fe? Dos cosas: estaban convencidos de que Jesús estaba vivo y que a ellos se les había dado el mismo poder que Jesús tenía –el Espíritu Santo les ayudó a comprender y les dio valor.

 

El Mesías estaba vivo y su mensaje era verdadero. El tiempo había llegado. ¡El Reino de Dios ha venido! ¡Vuélvanse a Dios y crean la maravillosa noticia! Jesús les dijo que predicaran, ¡así que ellos predicaron!

 

Pero, ¿Qué predicaron?

 

El Sermón de Pedro

 

En el día de Pentecostés, se escucharon extraños sonidos desde el cielo. Cerca de los discípulos aparecieron cosas extrañas. De sus bocas salieron palabras extrañas. Los judíos preguntaron: ¿Qué pasa? Y Pedro se paró a explicar lo que estaba sucediendo: Una profecía de Joel se estaba cumpliendo (Hechos 2:1-20).

 

Una profecía de Jesús se estaba cumpliendo también. Él había predicho que el Espíritu Santo vendría a sus discípulos y esto estaba sucediendo. El Espíritu Santo había llenado a Pedro y este predicaba con poder.

 

¿Qué fue lo que dijo? El predicó acerca de Jesús. “Escuchen lo que tengo que decir”, dijo. “Jesús Nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole; al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.” (v. 22-24).

 

Pedro continuó predicando acerca de Jesús y concluyó su sermón diciendo: “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.” (v.36) “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.” (v. 38).

 

En el capítulo 3, Pedro y Juan hablaron a otra multitud, iniciando su sermón hablando acerca de Jesús (v.13). Explicaron que las Escrituras predecían el sufrimiento y muerte del Mesías (v.18) y los llamaron al arrepentimiento (v.19). Terminaron su sermón hablando acerca de Jesús. Este modelo se repite en todo el libro de Hechos (vea el recuadro en la siguiente página).

 

Los discípulos no se olvidaron completamente del Reino de Dios. Este se menciona unas pocas veces, pero el enfoque principal de su mensaje era Jesús. La cosa más importante que la gente necesitaba conocer acerca del Reino de Dios era Jesús, específicamente que Él es el Mesías, el Cristo, que había venido y había sido resucitado a la vida.

 

El Reino de Dios en Hechos

 

El evangelismo es el tema principal del libro de Hechos, pero la palabra reino no se usa en ninguno de los sermones. Se usa solamente ocho veces en Hechos.

 

Aunque los Judíos creían en el Reino de Dios y tenían las profecías del Antiguo Testamento sobre él, Pablo discutió acerca del Reino por tres meses en la sinagoga efesia (Hechos 19:8). Su concepto del Reino debió ser considerablemente diferente de lo que los Judíos Efesios habían creído. Y no es de extrañarse, porque el mensaje de Pablo acerca del reino estaba acompañado con un mensaje acerca de Jesús, la gracia y la fe.

 

Este era también el mensaje de Jesús. Por 40 días después de su resurrección, Él enseñó a los discípulos acerca del Reino (Hechos 1:3). ¿Qué incluía esto? Lucas nos dice de lo que Él habló esa vez. En el camino a Emaús, “Él les interpretó las cosas que sobre Él decían las escrituras” (Lucas 24:47). Después, Él resumió su propio mensaje: “Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos” (v.44).

 

¿Qué está escrito? “Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. (V. 46-47). Este es el mensaje del Reino: un mensaje acerca del Mesías que sufre, muere y resucita, llama al arrepentimiento y perdona.

 

Por todo el libro de Hechos, vemos a los discípulos predicando acerca de Jesús, acerca de su resurrección, acerca del arrepentimiento, la fe y la salvación. Muchas personas aceptaron el mensaje. Otros se burlaron y otros se enojaron. Las personas reaccionan de forma diferente a Jesús.

 

¡Un momento! ¿Cómo se cambió el mensaje acerca del Reino de Dios en un mensaje acerca del mensajero? ¿Se equivocaron los discípulos? ¡Absolutamente no! Ellos fueron inspirados a entender lo que Jesús estaba enseñando. Jesús había hablado en lenguaje figurado; Él los inspiró a tomar el siguiente paso. También fueron inspirados a escribir los libros de Nuevo Testamento –y los primeros cuatro son completamente sobre Jesús. Jesús es el enfoque de los evangelios, de Hechos, de las epístolas y de Apocalipsis. Él es el enfoque del mensaje de la iglesia.

 

Jesús habla sobre sí mismo

 

Jesús hizo algunas declaraciones asombrosas sobre sí mismo –tanto que los líderes judíos lo odiaron por eso. Ellos podían tolerar que hablara sobre el reino, pero se molestaron cuando Jesús habló sobre sí mismo.

 

Él habló como si fuera el Juez de todo el mundo (Mateo 10:32; 7:21-23), como si todos tuvieran que obedecerle así como obedecían a Dios (v. 24-29). Él afirmó tener autoridad para perdonar pecados. Naturalmente, cualquiera puede perdonar los pecados que son contra ellos, pero Jesús afirmó perdonar los pecados que eran contra Dios (9:2-6). Él afirmó conocer lo que el Espíritu Santo haría (10:20). Él garantizó recompensas eternas (v. 42; 19:29).

 

Jesús afirmó conocer cómo les irá a las ciudades en el juicio (12:41-42; 11:20-24), y afirmó que era peor rechazarlo a Él que cometer los pecados de Sodoma (v. 24). Él afirmó que conocía más acerca de Dios que cualquier otra persona (v. 27), afirmó ser más importante que el templo de Dios (12:6) y tener autoridad sobre el sábado (v. 8).

 

Sí, Jesús predicó sobre sí mismo y esto enojó a algunos. Él se aseguró de que sus discípulos supieran quién era (16:13-17), y les prometió recompensas celestiales (v. 19). Dijo que la devoción a Él era más importante que la vida misma (16:25-27). Dijo que regresaría con la gloria de Dios (v. 27). Le dio enorme autoridad a sus discípulos, lo que significa que Él mismo tenía una autoridad aún mayor (18:18).

 

Él afirma tener toda autoridad y todo poder (v. 20; 28:18).

 

Él afirma ser el Juez y tener el poder para nombrar a sus discípulos como jueces sobre todo Israel (19:28; 25:31-34). Él es el que les puede permitir entrar en el Reino de Dios (v. 34) o sentenciarlos al infierno(v. 41).

 

Jesús afirmó que su vida pagaría por todas la de todos los demás (20:28), como si Él valiera más que todos los demás juntos. Él dijo que su sangre instituiría un nuevo pacto entre Dios y los humanos (22:28). Él citó un Salmo acerca de Dios como si se aplicara a Él mismo (21:16). Él afirmó tener el poder de enviar ángeles por el mundo (24:31). Él dijo que sus palabras eran infalibles y eternas (v. 35).

 

Buena noticia– ¿o blasfemia?

 

Los líderes Judíos pensaban que estas eran blasfemias. Ellos entendían que esas afirmaciones eran asombrosas. La validez del mensaje que Él predicó dependía de quien era. Si lo que dijo era cierto, Él era Dios. Ellos no podían aceptar esto.

 

Encontramos enseñanzas similares en los evangelios de Marcos y Lucas: Jesús dijo que Él era alguien increíblemente importante, el punto focal de la profecía, la clave para la eternidad de todos. No podemos entrar en el Reino de Dios a menos que aceptemos a Jesús como Rey. No podemos tener uno sin el otro. La buena noticia acerca del Reino es que Jesús mismo ha llegado. En sus hechos y en sus palabras, Jesús mostró que Dios acepta a las personas en su Reino, Él las perdona, las invita y les da la bienvenida.

 

Era buena noticia para los pobres. Era buena noticia para los pecadores. Jesús no vino a invitar gente “buena” –Él vino a invitar a pecadores. Ellos son los que saben que necesitan su ayuda.

 

Pero a la gente que pensaba que podían hacer algo para entrar en el Reino, no les gustó el mensaje. Su concepto de religión era totalmente opuesto a lo que Jesús enseñó. ¿No era la religión una manera de tener a la gente en línea? ¿No era necesaria la amenaza de castigo para una sociedad guardadora de la ley? Jesús estaba cambiando la forma en que mundo funcionaba.

 

Ellos pensaban que Jesús era un blasfemo. Él estaba amenazando la ley de Moisés no por casualidad. Él debía ser uno de los falsos profetas que Moisés dijo que debían matarse (Deut. 13:1-5). Sin duda ellos se sentían justificados al planear su muerte. Era mejor que un hombre muriera a que toda la nación cayera en rebelión (Juan 11:49). Esa era la elección que debían hacer: matar a un blasfemo o arriesgar una venganza romana. La elección era obvia.

 

Poco sabían ellos que todo esto era parte del plan de Dios para el reino. El Mesías tenía que morir, dar su vida como rescate, hacer posible que la gente fuera perdonada, hacer del Reino una buena noticia de salvación en lugar de una mala noticia de castigo. Para que la gente se salvara, un hombre tenía que morir.

 

¡Qué hombre era este! El hombre enviado por Dios para ser el Cordero de Salvación (Juan 1:29), para que todos los que crean en Él tengan el derecho de llegar a ser hijos de Dios, nacer de Dios (v. 12-13). Nosotros somos hijos del Rey –por medio de la fe en Jesús.

 

Jesús es el Salvador, el Mesías, el pan de vida, la puerta de entrada a la salvación, la luz del mundo, el pastor del pueblo de Dios, la resurrección y la vida, el camino y la verdad (Juan 6:35; 8:12; 10:7,11; 11:25; 14:6). Si creemos en Él, si confiamos nuestro futuro a Él, la vida eterna es nuestra – otra forma de decir que pertenecemos al Reino de Dios (Juan 3:35).

 

Jesús tiene la autoridad de dar vida eterna, de juzgar al mundo, de ser honrado en forma igual a Dios (Juan 5:21-24). Jesús tiene la vida eterna (v.26) y levantará a otros de nuevo a la vida (6:40), se levantará a sí mismo (10:17). Él era tal como Dios (5:17-20; 14:8-10). Él dijo que tiene existencia eterna (8:58; 17:5) y aceptó adoración (9:38; 20:28).

 

Para entrar al reino de Dios, debemos confiar en Jesús. Para comprender el Reino de Dios, debemos comprender acerca de Jesús. Para predicar acerca del Reino de Dios, tenemos que predicar acerca de Jesús, porque sin Él, no habría buena noticia que dar. El Reino es buena noticia sólo si tenemos la esperanza de entrar en él y Jesús nos da más que esperanza – nos da confianza, seguridad. Sabemos que el precio supremo ha sido pagado. Sabemos que somos hijos de Dios por medio de la fe en Él – y cuando estamos en la familia real, podemos estar seguros de que estamos en el Reino de Dios.

 

El Reino es bueno sólo si nosotros estamos en él, y como parte de su buena noticia Jesús habló acerca de cómo podemos entrar en él. Esto es realmente lo más importante que necesitamos saber. Dios se encargará de donde está, de cuando estará y de cómo será el Reino de Dios. Nosotros podríamos querer saber estas cosas, pero no tenemos que saberlas. Lo que necesitamos saber es cómo podemos ser parte de él.

 

Podemos estar seguros de que el Reino será increíblemente bueno –pero también queremos estar seguros de que estamos en él, y la única forma de estar seguros es por medio de Jesús. La buena noticia acerca del Reino es que Jesús es el camino para entrar en él. Cuando Jesús vino predicando acerca del Reino, el tiempo había llegado. El Reino estaba cerca. Jesús quería que la gente lo creyera y que entrara en él.

 

Así que les dijo cómo.

 

Entrando en el Reino.

 

"Los recolectores de impuestos y las prostitutas entrarán al Reino de Dios delante de ustedes”, les dijo Jesús a los sacerdotes y ancianos (Mateo 21:31) ¿Cómo entrarán? Creyendo las palabras de Jesús sobre la justicia y el arrepentimiento (v. 32) y haciendo lo que Dios quiere (v. 28-31). La gente entra al reino arrepintiéndose y creyendo el evangelio.

 

Debemos “recibir el Reino”, dijo Jesús (Lucas 18:17). Él habló acerca de cuan difícil era para los ricos “entrar en el Reino” (v.24). Aquí, vemos varias frases usadas para indicar la misma cosa: recibir el Reino, entrar en el Reino, ser salvo. Estas son formas diferentes de hablar sobre la misma cosa.

 

Jesús no predicó mucho sobre los detalles del futuro Reino. En su lugar, predicó acerca de cómo los ciudadanos de su Reino pueden vivir y pensar en esta era. Él no dijo cómo nuestros pecados son perdonados. Él nos dijo que nos arrepintamos y creamos el evangelio. Sus discípulos predicaron lo mismo (Lucas 9:6; Marcos 6:12).

 

El Reino de Dios está aquí, dijo Jesús. Comienza ahora mismo. Si, en el futuro el Reino tendrá gran gloria – Dios verá que así sea. Habrá fabulosas recompensas futuras, pero la pregunta que Jesús hace es: ¿Queremos estar en el Reino hoy mismo? Hoy el reino es pequeño (Mateo 13:31-33). Hoy el reino tiene bien y mal en él (v. 24-30). Hoy el reino está esperando crecer (Marcos 4:26-29). Eventualmente, el Reino vendrá en poder, pero hoy es pequeño. La buena noticia es que podemos entrar en él.

 

Algunos fariseos le preguntaron a Jesús cuándo vendría el Reino (Lucas 17:20). Él les contestó que el Reino ya estaba en medio de ellos (v. 21). Pero ellos no podían verlo todavía. Eventualmente el Reino será visto por todos, pero el Rey tenía primero que sufrir y morir (vs. 22-25).

 

Jesús también dijo a los fariseos: “Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios.” (Mateo. 12:28, Lucas 11:20). El Reino está aquí, dijo Él, y la prueba está en el poder. El Reino de Dios está demostrando su autoridad sobre el gobierno de Satanás – y esta prueba continúa en la iglesia hoy. Así como el Reino podía verse en el ministerio de Jesús, se ve también en el ministerio de su iglesia. Jesús predijo que sus seguidores harían obra mayores que las que Él hizo (Juan 14:12). El Reino está creciendo.

 

El Reino de Dios está aquí, dijo Jesús. La gente no necesita esperar por un Mesías conquistador – Dios ya está gobernando y nosotros debemos volver nuestros corazones hacia Él hoy. El anuncio del Reino demanda una decisión. Es un llamado a la acción. No necesitamos esperar – hay cosas para hacer ahora mismo.

 

La buena noticia acerca de Reino no sólo es que está cerca – la buena noticia es que podemos ser parte de él. La cercanía no es buena noticia si nosotros no estamos en él. Nuestros pecados nos descalificarían, pero en Jesús, nuestros pecados son perdonados. Podemos creer en Jesús y volvernos a Dios. Podemos estar en el Reino de Dios para siempre, ¡esta es una maravillosamente buena noticia!☺


Predicando en el libro de Hechos

¿Acerca de qué predicaron los discípulos? Estos son los versículos en Hechos que usan la palabra para “predicar”:

4:2 — anunciando que en Jesús hay resurrección de los muertos
5:42 — anunciando que Jesús es el Mesías
8:4 — anunciando la palabra
8:5 — anunciando al Mesías
8:12 — anunciando la Buena noticia acerca del reino de Dios y el
nombre de Jesucristo
8:25,40— anunciando la Buena noticia
8:35 — anunciando la Buena noticia acerca de Jesús
10:36 — predicando paz por Jesucristo
11:20 — anunciando al Señor Jesús
13:5 — anunciando la palabra de Dios
13:32-33 — dando la Buena noticia que Dios cumplió la promesa al
resucitar a Jesús
13:38 — anunciando perdón de pecados por medio de Jesús
14:7, 21; 16:10 — anunciando la buena noticia
14:15 — anunciando buenas noticias, que debes volverte a Dios
15:7 — el mensaje de la buena noticia
15:35 — proclamó la palabra del Señor
17:3 — anunciando al Mesías, Jesús
17:18 — diciendo la buena noticia acerca de Jesús y la resurrección
17:23 — anunciando lo que adoran como desconocido
20:24 — testificando la buena noticia de la gracia de Dios
20:27 — declarando el propósito de Dios
26:23 — anunciando luz a los judíos y a los gentiles


Un Reino aún por venir

Jesús anunció que el Reino de Dios estaba cerca, pero también habló sobre él como algo que estaba en el futuro distante. Él le dijo a sus discípulos que oraran “venga tu Reino” (Lucas 11:2). Él les dijo una parábola porque algunas personas pensaban que el Reino aparecería ya (Mateo 26:29). Las personas “entrarán al Reino” en un futuro “día” de juicio (Mateo 7:21-23, Lucas 13:22-30).

Jesús hablaba sobre el Reino de Dios como si ya existiera y también como un evento futuro, dependiendo de qué aspecto del Reino quería explicar. El tiempo estaba cerca, el Reino había llegado, aunque todavía no en la clase de Reino Glorioso que los Judíos estaban esperando. No obstante, para aquellos que tenían fe, para aquellos que se arrepintieron y creyeron la buena noticia, el Reino había llegado.

www.elevangeliodelreino.org

www.yeshuahamashiaj.org (Inglés y Español

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  • : La predicación del evangelio original de Cristo, que es el reino de Dios, el cual Jesús restaurará en la tierra en su segunda venida en gloria. Este reino divino traerá, por fin, la paz y la justicia verdadera a este planeta decadente y moribundo.
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  • soy Ingeniero zootecnista, estudiante bíblico,y ex-testigo de Jehová. Soy creyente unitario, predico el reino de Dios como el evangelio singular de Cristo, soltero y sin hijos.
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